Corría el 1 de agosto de 1907. En la isla de Brownsea todo estaba tranquilo, la noche era apacible y la brisa tan ligera que ni si quiera se escuchaba el sonido de las hojas de los árboles. Tan solo una veintena de muchachos dormían apacibles en sus campañas colocadas en forma de herradura dejando en el centro una pequeña hoguera que ya apenas humeaba a la espera de la salida del sol...

En una de las tiendas, la que estaba asentada en el centro de las demás, un hombre de unos 50 años se removía nervioso en su lecho. No había dormido nada en toda la noche por la inquietud que le causaba estar allí con veinte chicos, hijos de compañeros militares a los que debía y quería sorprender con sus enseñanzas.

Para intentar conciliar el sueño, pues le esperaba un día ajetreado, repasaba una y otra vez lo que tenia preparado para los jovenes exploradores.

"Los chicos han de dividirse en grupos de cinco para que todos estén equilibrados. Estas patrullas serán independientes una de la otra y estarán lideradas por un guía, que será la persona que los representará y los que deberán transmitir mis instrucciones...”

En esto estaba cuando, casi sin darse cuenta, Robert, que así se llamaba este hombre, cayó en un profundo y placentero sueño...

Su deseo de que aquel campamento experimental saliera bien era tal, que su mente comenzó a soñar....

-Me encontraba en una pequeña colina que me permitía ver toda la isla. Sabía perfectamente que era Brownsea, pero estaba muy cambiada. Aquellas no eran las tiendas que habían montado los muchachos, y las banderas que había colocadas no las habíamos puesto nosotros.

Estaba amaneciendo y la luz del sol espantaba las brumas de la noche...

De pronto, el sonido de mi cuerno koodoo me sorprendió, pues lo tenía celosamente guardado entre mis enseres para despertar a los chicos de un modo especial...

En ese momento todo entró en movimiento. Se levantó una brisa que hacia susurrar a los árboles. Los pájaros abandonaron sus nidos para volar tan alto como les permitían sus alas, y lo que más me llamó la atneción fue que de las tiendas empezaron a salir muchachos y muchachas vestidos con el mismo uniforme que llevaban los hijos de mis compañeros aunque las camisas eran de varios colores y cada uno parecía venir de un país diferente. Se colocaron en forma de herradura y en el centro de esta se encontraban los mayores…

Baje hasta donde estaban ellos confuso y algo preocupado por mis muchachos, con la intención de preguntarles que qué estaban haciendo.

Al llegar, me puse en el centro de aquella formación y le pregunté al más veterano por todo aquello que me asaltaba a la mente, pero este no parecía si quiera verme.

Empecé a escuchar todo lo que decía uno de los mayores y lo que oí me dejó de piedra…

“Hoy hace cien años que Baden-Powell hizo sonar aquí mismo su cuerno Koodoo, sus enseñanzas han pervivido durante un siglo y nosotros somos los encargados de que permanezcan en el tiempo durante cien años más…”

Justo en ese instante un rayo de luz me despertó en mi tienda. Me puse en pie, me vestí y salí afuera con el Koodoo bajo mi brazo.

Justo cuando el sol estaba completamente ante nosotros, me invadió un sentimiento que me recorrió todo el cuerpo al recordar lo que había soñado.

En ese momento, la ilusión por que mi sueño se hiciera realidad hizo que me emociono de tal manera que una lágrima recorrió mi mejilla al pensar por un instante que cien años después alguien recordara mis palabras.

Miré el reloj, levanté la vista hacia el frente e hice sonar el Koodoo. Justo en ese momento pensé, “les enseñaré a dejar el mundo mejor de cómo lo han encontrado”

Buena Caza hermanos Scout…